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Un rescate de la identidad

Publicado por movimie4 en

Por Carlos Rojas, Secretario Político del Movimiento Somos

Si me preguntasen ¿qué es lo que debemos hacer para cambiar las condiciones políticas y sociales de nuestro país en el marco del modelo neoliberal?, nombraría una lista interminable de condiciones: renacionalizar los recursos naturales a la par de intensificar la creación de industrias en el país, la eliminación del sistema de afp, transparencia de las gestiones de la totalidad de los cargos públicos, participación ciudadana vinculante, gratuidad en la educación y salud, avance en las politicas de genero,etc. 

Sin embargo, el sistema neoliberal, a pesar de hacerse a sí mismo más evidente y mostrarse cada vez más como la portadora de muerte y todas las calamidades del mundo contemporáneo, sigue más vivo que nunca… nosotros lo mantenemos vivo.

Es evidente, por lo tanto, que los efectos de este sistema han repercutido de manera trágica en todos los aspectos, modos de expresión y producción cultural. Como menciono siempre, ya no se quiere cambiar el mundo, sino llegar bien a fin de mes. 

Entonces, creo que a la lista interminable de factores a cambiar de este sistema que mencioné anteriormente, añadiría uno, no “uno más” a la lista,  sino algo que le falta a todo lo demás, algo que de hecho se produce al mismo tiempo de caminar a través de esas demandas y propuestas: Identidad.

La identidad siempre responde a la pregunta ¿qué somos?, y si seguimos a nuestro referente Eduardo Galeano, podríamos responder “ahh, somos los que hacemos para cambiar lo que somos”, es decir, la identidad es una actividad, una tarea, una lucha. Por lo que podríamos hacer un ejercicio sencillo de carácter empírico y verificar ¿qué es lo que hacemos? y bueno, la respuesta en términos generales o globales, son un conjunto de comportamientos, cada uno más trágico que el otro: Ir a trabajar por extensas horas y recibir un sueldo bajo, perder tiempo de calidad con seres queridos, hijos, madres, padres, parejas y amigos, estudiar en un sistema precario, con una calidad cuestionable, pagando millones en una universidad o endeudandonos, ser totalmente ajeno e indiferente a los problemas e injusticias sociales que nosotros mismos vivimos,etc. 

Pareciera entonces que las características que compartimos y nos hace identificarnos como sociedad chilena son básicamente las que mantienen este sistema en pie. ¿Qué clase  de identidad se puede crear desde allí, cuando ni siquiera son compartidas bajo un marco de comunidad sino en uno de completa fragmentación de lo social en pos de partes individuales que solo buscan el bienestar individual? Necesitamos un cambio cultural, es decir, construir identidades reales y no sujetas a la voluntad del gran capitalista, sino en el proceso mismo de combate con estas voluntades que nos quieren aislados los unos con los otros.

La identidad es siempre un proceso dinámico, que requiere de un trabajo activo en su construcción que, a su vez, se va formando no meramente de manera individual, sino colectivamente, en comunidades colaboradoras, familiares, fraternas y diversas. Sí, creo que no es pensable ya la noción de comunidad como homogénea y aislada de otras comunidades, así que los medios de comunicación que les gusta tanto llamar a los proyectos izquierdistas como totalitarios, no, ya nadie quiere a Stalin de vuelta.

Podemos decir entonces que la construcción de identidad va internamente articulada con la construcción de comunidades, que como ya he sugerido antes, no tienen porque ser homogéneas, totalizantes. Las comunidades pueden y son perfectamente compatibles con la noción de identidades diversas, lo que espero es que seamos lo suficientemente lúcidos y razonables para entender que en una misma comunidad puede haber alguien que se identifica como mapuche y otra que se diga a sí mismo chileno, y podamos vernos, dentro de nuestras diferencias, sean sexuales, étnicas o de cualquier otra índole, como pares. Ver al otro distinto como un “mi mismo, otro”.

Lo que queremos es justamente que podamos darnos cuenta, identificarnos como ciudadanos dominados, oprimidos y explotados, como endeudados, cansados, como fuertemente deprimidos. Creo yo que, si como sociedad nos podemos dar cuenta de esas condiciones y estados en los cuales nos encontramos, nos sentiríamos bastante enojados como seres humanos. Pero es esa rabia, no solo por lo que vivimos de manera individual, sino porque la vive el vecino, mi amigo, mi pareja, que podemos también crear nuevas formas de identificarnos,  crear comunidad y cambiar el mundo.

Podemos darnos cuenta que no hay nada de imposible en estas palabras pero tampoco nada de fácil. Es importante por un lado, que nuestros constituyentes en la redacción de la nueva carta magna, han puesto de relieve, condiciones que puedan fomentar posibilidades para nuevas identidades  en contraposición a las que nos presenta el sistema neoliberal.  Lo recalco porque el mundo político ha estado muy ocupado administrando nuestras vidas desde un lugar muy alto y alejado de nuestras realidades, y si bien es cierto, la convención no es exactamente lo que queríamos, ahí está, dando su esfuerzo. 

También las personas que decimos de manera algo prepotente, “yo si me doy cuenta de lo que ocurre” o “mira, escribí algo sobre la identidad”, tenemos el deber irrenunciable de aprovechar esta ventaja de no estar alejados de la realidad, sino viviéndola en carne propia, de hacer todos los esfuerzos posibles para cambiar desde y para los territorios, de forma horizontal, no academicista (¡por favor!) ni jerárquica. 

Esta voluntad solamente es posible teniendo una confianza gigantesca en las capacidades de los seres humanos de superarse, de cambiar, de darnos cuenta de forma ilimitada. Creo en la gente, que somos infinitos en capacidades y que cuando nos demos cuenta de nuestra infinitud, podremos andar de la mano en las calles y soltarnos sin temer a que algo pase, porque el mundo será nuestro.

Categorías: columnas

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